Las termas, desde antaño han sido usadas por civilizaciones como
métodos terapéuticos, existiendo dos tipos:
- Las
Telúricas, que modifican sus caudales en función de la estación debido a que su origen tiene lugar por la filtración de las aguas provenientes de las lluvias. Con una composición de cloruros, bicarbonatos y sales cálcicas
- Las
Magmáticas, que son de caudal continuo por su origen eruptivo. Sus minerales más comunes son el bromo, fósforo, nitrógeno, cobre y boro.
Las aguas de origen magmático son mucho más calientes que las de origen telúrico, teniendo normalmente una temperatura superior a cincuenta grados centígrados.
Pero las telúricas, al ser aguas filtradas adquieren una mineralización mucho más baja.
Se conoce que las
aguas termales están cargadas con
iones negativos. Este tipo de cargas son muy beneficiosas para nuestro organismo, dado a que tienen el poder de proporcionarnos una gran sensación de
relax y confort. El agua mineral y atemperada de las termas nos aporta numerosos efectos, ya sean físicos, químicos o biológicos.
Su elevada temperatura elimina gérmenes y virus, y también disuelve y expulsa las toxinas acumuladas.
Además eleva nuestra presión hidrostática permitiendo a la sangre fluir mejor y más oxigenada. Es esto uno de los factores más importantes que influyen en la mejora de la nutrición de nuestra piel y en general del organismo.
Los baños reiterados en estas aguas aportan
mejoras en el sistema nervioso, así como en el sistema inmune, el equilibrio mental y glandular. También tienen una gran importancia en los problemas dérmicos, muchos de los cuales encuentran mejoría, como los hongos, la soriasis o distintos tipos de dermatitis.

Hay distintos tipos de aguas termales diferenciándolas
según su temperatura., las de menos de veinte grados se denominan frías, las de entre veintiuno - treinta y cinco hipotermales, las de entre treinta y cinco - cuarenta y cinco mesotermales y las de más de cuarenta y cinco grados hipertermales.
Las aguas sulfurosas suelen ser las más
“terapéuticas”. Esto es objeto de estudio de científicos especializados en estas, siendo las
sulfofacterias la explicación para los llamados “elementos intangibles”. Estos microorganismos disminuyen el envejecimiento de la piel ayudando a protegerla de las agresiones externas.
En España hay numerosas fuentes de aguas termales a las que podemos acudir para cuidarnos con este método natural de belleza, que sin duda, no nos dejará indiferentes.
